lunes, 13 de noviembre de 2006

Una pequeña nube

Leí por primera vez A Little Cloud de James Joyce hace muchos años en una edición de bolsillo que compré en mis primeros años de fervor cinéfilo. Más tarde, convertido en una especie de Little Chandler sin saberlo, mastiqué durante algún tiempo la idea de hacer una película basada en ese cuento. Idea que, siendo macabramente consecuente, abandoné con el paso del tiempo.

Años más tarde me acordé de Little Cloud cuando L y yo vivíamos en Madrid y establecimos un juego literario con unos amigos que vivían en Barcelona. El juego consistía en elegir un personaje de ficción con el que cada uno se sintiera identificado y escribir e-mails autobiográficos al resto del grupo bajo esa identidad. La cosa duró lo que tenía que durar, solidificó nuestros egos, nos trenzó en una fraternidad duradera y sirvió para que me acordara de Little Chandler, a quien yo elegí personificar aceptando por primera vez reconocerme en él.

Por esa misma temporada, cuando terminamos nuestro documental PROBLEMAS PERSONALES, descubrí que en cierto modo habíamos conseguido por fin - y sin que yo me diera cuenta - adaptar al cine el cuento de Joyce, tomándonos enormes libertades, claro está. Podríamos decir que se trataba de un digno y casual primer intento que abordaba la vida de dos Gallaher y un Chandler que habían escapado de su Irlanda ecuatorial para ir a probar suerte en aquel soleado Londres castellano. Quizás fue por esta razón que elegimos presentar el documental con el nombre del cuento de Joyce, "pequeña nube", nombre que intrigó e hizo reir a más de uno.

En resumidas cuentas la trama del cuento se reduce a la anécdota del encuentro, después de muchos años, de Gallaher y Chandler, dos amigos de juventud aficionados a las letras. Gallaher se fue a vivir en Londres donde se ha convertido en un reconocido periodista, mientras que Chandler eligió quedarse en Dublín, donde no ha pasado de ser un gris amanuense que escribe poemas en silencio. El cuento describe cómo el peso de esa decisión - haberse quedado en Dublín - atormenta a Chandler, que ha edificado en torno a ella una montaña de culpas y excusas. El tema del cuento - como ocurre aparentemente en todo Joyce - es el drama de vivir en una colonia, complejo que marca a los dos amigos y que indudablemente sigue latente en nuestro comarcal Dublín de bolsillo.

La trama del cuento es poco más o menos como sigue: Gallaher ha llegado a Dublín de visita y una de las primeras cosas que ha hecho es llamar a Chandler y proponerle que se encuentren en el pub más aniñado de la ciudad. Chandler espera el encuentro con halago y expectativa pues, entre otras cosas, nunca ha puesto un pie en el pub donde se van a encontrar. Mientras espera la hora de ir al pub se hace el firme propósito de invitar a Gallaher a cenar en su casa. En su mente repite las frases que le dirá: "¿hasta cuando te quedas?, ¡espero que puedas reservar una noche para que vengas a cenar en casa!" No solo eso, sino que incluso llega a fantasear con darse modos de que Gallaher, que es ya una personalidad en la prensa londinense, lo recomiende con alguna editorial que pudiera estar interesada en sus poemas.

Cuando Chandler entra al pub encuentra a Gallaher sentado en una mesa grande y rodeado de otros amigos. Gallaher lo saluda efusivamente y ordena para él, sin más trámite, un whisky doble. Chandler, claro, se ve tentado a cancelar el pedido porque no quiere que se le haga muy tarde pues tiene que llegar a casa a cuidar del bebé. Pero la tentación es muy grande y enseguida se dice, "¡qué diablos!, ¡es mi amigo Gallaher!" y no solo se toma un whisky sino varios.

Durante la velada Gallaher se va retratando a sí mismo como un personaje pretensioso al que se le han subido los humos. Recuerdo que en determinado momento Gallaher le pregunta a Chandler si conoce París y Chandler, que nunca ha ido a París, tiene que admitirlo lleno de rubor. Enseguida Gallaher pasa a hablar de Pigalle y de los demás atractivos parisinos, casi amonestando a su amigo por su falta de mundo. Es natural que Chandler se sienta intimidado - con los tragos encima - y dude sobre invitar o no a Gallaher a su casa, cosa que finalmente hace, para su desgracia, pues, como era previsible, su amigo tiene una agenda muy apretada. "¡Otra vez será!", le dice, "ahora que por fin he regresado, voy a tratar de volver más a menudo". En fin, que la velada que describe Joyce es patética y Chandler termina medio arrepentido de haber ido. No solo está borracho, no solo está harto de Gallaher, sino que para colmo tiene la autoestima por los suelos.

Regresa a casa. La mujer de Chandler está furiosa porque su marido ha olvidado comprar el té. La mujer sale a comprarlo ella misma y le encarga el bebé. Chandler toma en brazos a su niña y le da el biberón, pero es tal su estado que el bebé llora desconsoladamente. Mientras trata de calmarla recorre con ella en brazos la sala y examina en un anaquel los libros de poesía irlandesa que le gusta leer. Se imagina entonces, como en sueños, la edición de sus propios poemas que algún día le gustaría publicar y especula con los comentarios que harían los críticos acerca de su obra.

Aquí el cuento completo en español y aquí en inglés.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

si tú hubieras sido el autor del cuento, o si te tocara o quisieras hacer una segunda parte o secuela, ¿cómo desarrollarías la trama si la escribieras hoy? ¿cómo hubiera sido hace cinco o seis aňos o al momento de leerlo por primera vez?

Anónimo dijo...

No acabé de leer el post porque, ¡¡¡No quería enterarme del final!!!

No seas malo pues...

Y ya publica algo sobre la victoria de Correa.

:)

Anónimo dijo...

manolo, tu fanaticada te aclama. ¡escribe algo, coño!

El Apestado dijo...

Sé que las cosas en general me apestan, y mucho, pero debo ser justo al reconocer que el espacio que ecuavisa entrega a los niños es algo que faltaba en la TV. ¿Tu opinión?