De manera que en ninguno de ellos podemos admitir el rasgado de las vestiduras ante el show de Noboa, pues la televisión -acaso con la excepción de Ecuavisa y uno que otro canal de UHF que han demostrado cierta tendencia al pudor en este aspecto- no ha hecho sino volver normal este trato humillante. El Noboa Regalón solo es la réplica de un patrón patentado por el medio televisivo ecuatoriano desde los años setenta y que ha parido, hasta la fecha, diputados, concejales y ministros.
Noboa Regalón es uno más de esos maestros de ceremonias, mitad payasos mitad gurús, que dan la bienvenida a los concursantes en el set, les piden que hagan gala de sus carencias -la pobreza, el retardo mental, la parálisis, la ceguera o la ignorancia- y enseguida premian su humillación. A veces, en el show televisivo, los concursantes deben, además, superar una prueba. Aquí la prueba es el voto obsecuente. No hay de qué sorprenderse con Noboa. El país ha sido disciplinadamente educado en esos valores, que son los valores de la miseria y la indignidad.
Lo triste de esta lección, o de este caso -del que podrían derivar edificantes conclusiones-, es que no sirve de nada. Los antivalores que la televisión ha impuesto en EL Ecuador, con el liderazgo indiscutible de TC, no solo se han instalado cómodamente en nuestra conciencia, a la cual solo le queda el recurso liberador pero inútil del llanto o la rabia, sino que habita con total desparpajo en las leyes que regulan la comunicación audiovisual. Allí, los dueños de los canales son amos y señores por toda la eternidad. Y puesto que Álvaro Noboa habla su mismo lenguaje, será enteramente comprensible que si llega a ganar las elecciones, su triunfo sea celebrado con un regalo extraordinario en el concurso dominical. Un anticipo de esa celebración fue la transmisión en vivo que hicieron Gamavisión, CableNoticias y RTS de la ceremonia con que el bananero regalón cerró su campaña.
Publicado en la columna Teletoxia del diario HOY el 14.10.2006

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