miércoles, 29 de octubre de 2008

Ecos de un manotazo

Todo empezó con un manotazo. La Asamblea Nacional Constituyente se acababa de instalar cuando la televisión difundió la imagen del asambleísta Trajano Andrade dando un enfurecido manotazo en el escritorio de Alberto Acosta. Después del manotazo, Andrade se levantaba lleno de ira, mientras que Acosta conservaba la calma y lo miraba lleno de asombro. Meses más tarde el presidente de la República acusó a Acosta de ser “demasiado democrático” y, después, se produjo la intervención del Politburó de Alianza País para hacerlo a un lado.

No se puede establecer un vínculo directo entre el primer incidente y lo que vino después, pero es indudable que el manotazo anunció el “hazte a un lado”. Me pregunto cuáles serán las derivaciones de esta escisión temperamental e ideológica del partido de gobierno. Hay que considerar que si el proyecto de nueva Constitución se aprueba en el referendo, Alianza País deberá someterse a las estrictas regulaciones que en materia de partidos políticos dispone la nueva norma fundamental, y avocarse en el corto plazo a unas elecciones primarias para decidir su candidato presidencial. El liderazgo de Acosta entre los “infiltrados” y entre los aliados de izquierda del régimen pasará entonces una importante prueba.

Un dato resulta al respecto significativo y debe ser tomado en cuenta: la buena imagen de Alberto Acosta. En la última encuesta que hizo a nivel nacional la empresa Santiago Pérez por encargo del gobierno, y cuyos resultados circularon el pasado fin de semana, se ratifica este dato interesante que se venía repitiendo semana a semana desde hace varios meses. Según la encuesta, el político ecuatoriano con mejor imagen a nivel nacional no es el presidente de la República Rafael Correa, que ocupa el segundo lugar, sino el ex-presidente de la ANC Alberto Acosta. El índice ponderado de Acosta es 2,91 mientras el índice ponderado de Correa es 2,69. Acosta no sale en televisión todos los sábados, ni en las portadas de los diarios todos los días anunciando obras de beneficio social, sino que ha alcanzado notoriedad por ser la víctima de gestos violentos como el manotazo de Andrade o aparentemente abruptos como el “hazte para allá”. Es el único personaje que ha ganado puntos a pesar de la descalificación de Rafael Correa.

Recuerdo que a inicios de 2006 acudí espontáneamente a una asamblea celebrada en la escalinata de la iglesia del barrio La Floresta de Quito para conocer la propuesta política de Acosta y Correa. El Ministro de Economía de Alfredo Palacio acababa de renunciar y comenzaba su campaña de la mano de Acosta. Cerca de cien personas, la mayoría de ellas muy jóvenes, los escuchamos desde la escalinata. Hablaban de la deuda externa, del atraco bancario, de los contratos petroleros. Una a una, los dos fueron respondiendo las preguntas de la gente, que los despidió con un aplauso entusiasta pero cauto. Eso fue lo que me pareció más interesante. Dentro de poco esas cien personas deberemos repartir nuestra cautela y nuestro entusiasmo entre esos dos amigos hoy distantes.

Publicado originalmente en El Telégrafo el 10 de agosto de 2008

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