domingo, 18 de diciembre de 2005

He pedido a Papá Noel un Porsche Cayenne 4x4

Antes, en el Portoviejo de los años setenta, por estas fechas el árbol de plástico engalanado ya solía estar rodeado de unas quince botellas de whisky cortesía de los colegas constructores de mi padre. La abundancia del whisky era para mí el símbolo inequívoco de que la economía estaba todavía boyante. Otro indicador económico de mi infancia lo constituían las ventas del bazar de mi madre. Allí se vendía toda clase de regalos hasta bien entradas las once de la noche del 24. Yo vivía el espectáculo de la venta con algo de dramatismo, pues a medida que avanzaba la noche, mientras ayudábamos a empacar regalos, veía cómo iban desapareciendo los juguetes más apetecidos, con lo cual iba desapareciendo también mi ilusión de que los que no se vendieran pasaran a mi propiedad si sobrevivían a las rebajas del día de reyes. En esos días de navidad a eso iban encaminadas todas mis oraciones. Nunca fuimos a la misa del gallo, hábito que propagandizaban entusiastamente los curas del colegio. Nosotros siempre nos caracterizamos por ser católicos convencionales pervertidos por el consumismo. Lo nuestro era vender y comprar regalos, ordenar un pavo al horno y beber vino a profusión en ese calor atroz del diciembre manabita. Ya se encargarían las hermanas de mi padre, muy devotas todas ellas allá en la apacible Loja, de pedir al Señor que reserve nuestra cuota de bendiciones.

Macerado de esa manera en el prurito regalón de diciembre, no ha habido forma de eludirlo en mi vida adulta. Casado con una puertorriqueña, he tenido ya oportunidad de hacer compras navideñas en el centro comercial más grande del caribe, el Plaza las Américas de San Juan, lo que ya es bastante decir. Dice la leyenda borincana que el JCPenny de Plaza tiene la mejor facturación de toda la cadena. En fin, todo esto para decir que este domingo me ha tocado renovar mi cuota a favor de la reactivación económica del país y lo he hecho con suma responsabilidad en el Quicentro de la avenida Naciones Unidas. Después de hacer el gasto, aplicadamente llené los cupones de la rifa y ahora guardo la ilusión de ganarme el BMW descapotado que se exhibía en los corredores del centro comercial. Lo miré con el mismo embeleso con que miraba los juguetes de la tienda de mi madre y le hice prometer a Lisandra que si nos lo ganamos nos iríamos a dar un paseo en la playa antes de venderlo. Ya me veo andando por el estrecho malecón de Crucita en esa joya plateada. Tendría que recuperar mi amistad con mis panas más dañados del colegio, volver al whisky y vociferar malas palabras contra el viento de la tarde. ¡Manolo en un BMW descapotable! Sería un sueño.

Supongo que don Blasco Peñaherrera Solá se ganó la rifa el año pasado, pues hace poco lo vi desembarcar nada menos que de un Porsche Cayenne 4x4. No todos los días se ve un Porsche Cayenne en las calles de Quito. La concesionaria Alvarez Barba apenas vendió 10 en todo el Ecuador el año pasado: 10 versus 76200 en el resto del mundo. Yo pasaba por allí cuando vi al conocido joven Peñaherrera estacionar y descender camino de un restaurante, dejando a su paso el incofundible aroma de carro nuevo. Detras de él, la imagen de su Porsche Cayenne me dejó pasmado. ¡Un gran carro el Porsche Cayenne 4x4, sin duda! Si no lo ganó en la rifa del Quicentro, me dije yo, seguro se lo compró con las utilidades que le habrá dejado la nada modesta campaña publicitaria de la OXY, uno de los opulentos clientes de su empresa. OXY extrae de la amazonía ecuatoriana nada menos que cien mil barriles de petróleo por día, con una utilidad neta al año de 1.100 millones de dólares. Quienes no vivan en el territorio continental de la República Febrescorderana deben saber que la aludida campaña publicitaria nos atosiga en radio, prensa y televisión desde hace casi dos meses con su propaganda vomitiva sobre las buenas obras que lleva a cabo la OXY a cambio de la bicoca que se lleva en crudo pesado. A juzgar por lo que dice la solemne y empalagosa voz de Renato Ortega, locutor de la mencionada cuña, la OXY es más o menos la encarnación misma de la Divina Providencia en nuestro suelo patrio por las nutridas dosis de internet y medicinas que lleva cada día a los otrora indómitos indígenas amazónicos. El propósito de la campaña no es otro que balancear la opinión pública a favor de la compañía petrolera en momentos en que el gobierno del Ecuador debe decidir si da por terminado unilateralmente el contrato de concesión en represalía a los incumplimientos de la compañía. Blasco, que sabe mucho de opinión pública, es el perfecto asesor para estos casos.

Ustedes creerán que me puede la envidia. No lo niego, algo hay de eso. Y esto es doblemente penoso en esta época navideña. Imagino que mi buen amigo Freddy Ehlers, cuyo programa de Mejor Ecuatoriano también recibió una buena dosis de publicidad de parte de la OXY y del OCP, estará a un paso de tener un Porsche Cayenne también. Y la radio La Luna, a la que soy tan fiel, estará ahorrando para un nuevo transmisor gracias a lo que le dejan las cuñas de la OXY, con lo cual la OXY resulta ser propiamente la hostia consagrada. Bien me decía el otro día don Henry Yanez, antiguo diputado de la ID, antiguo sindicalista de PetroEcuador y militante apasionado de una política petrolera nacionalista, que la OXY, la OCP y ENCANA han tenido el buen criterio de convertirse en sustento vital de cuanto show informativo hay en el país con el fin de ganarse la lealtad de sus voceros. Hay que reconocer que Paco Velasco al menos ha seguido tratando a la OXY con el mismo desprecio de siempre, lo cual no ha evitado que la voz de Ortega chille como un vidrio roto cuando la escuchamos en su radio. Paco al menos deja que se lo digamos, en cambio los otros no dan chance ni siquiera de que se lo endilguen: en sus programas, simplemente, no se habla de petróleo.

Blasco Peñaherrera Solá, el asesor comunicacional de la OXY, tampoco lo hace. Más bien, ahora también le ha dado por la reforma política. Como presidente de la Cámara de Comercio de Quito se ha convertido de pronto en entusiasta animador de un gran debate nacional para llegar a acuerdos que nos permitan salir del atolladero. Así lo vimos en televisión la semana pasada, haciendo de feliz anfitrión de la plana mayor de la política nacional, reunida por su iniciativa para discutir una agenda de país donde, suponemos, se tratará de todo menos de la caducidad del contrato de la OXY. Toda la amable clientela de la Porsche entretenida con el nudo gordiano de nuestro atraso.

En esto pensaba yo mientras miraba embelesado el BMW del Quicentro esta tarde y mientras repartía mis cupones en tres ánforas distintas para multiplicar las probabilidades de mi suerte.

ms


P.D. Tampoco vayan a creer que el Porsche Cayenne del señor Peñaherrera es un Porsche Cayenne Turbo, modelo digno de personas verdaderamente acaudaladas. Los Turbo no se venden en Ecuador porque su precio superaría los 160 mil dólares la unidad y ustedes saben que de estos carros siempre es mejor tener dos en cada casa.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

1. Antecedentes (lista corta): Años atrás un amigo me contó que se sacó un colchón Primor. Me dicen que un embajador recientemente timbró los 500 mil de la Lotería. Llevé a mi madre a un casino hace varios años. Le llovieron cien dólares en "quarters" y se compró su primer microondas.
2. Frustraciones: Gente conocida, con suerte en rifas, pero yo nunca me he ganado nada. Lustros de desesperación con boletos y guachitos en la billetera, y planes secretos para gastar premios que nunca llegan.
3. Síntesis dialéctica: Ahora, no sé si por autoengaño o por real decepción, no me atraen las ofertas de viajes al Caribe, los convertibles, las "mientras más uses tu Mastercard, más oportunidades de ganar".
4. Sublimación ética: Son rastreros cebos para que piquen los ingénuos, tentaciones embozadas para globofóbicos en potencia, zancadillas para el incauto soñador en paraísos fáciles.
5. Nota de pie de página: Que nada tiene que ver con que ahora recuerde que debo comprar un par de regalos en Librimundi, y que seguramente me darán cupones para el sorteo del BMW, y que seguiré la brillante táctica de depositarlos en ánforas distintas. Ya verá el Manolo quién estará por Crucita el fin de año, generando la interrogación en bañistas y transeúntes sobre la identidad del afortunado conductor que pasó a bordo de esa bala plateada descapotable.
José

Guillermo dijo...

Oye Manolo, para estar más cerca de tu sueño, deberías hablar con la OXY, para ver si te dan algo de publicidad, o con el mismo Blasco, para que con un banner en la cabecera del blog puedas, por lo menos, comprarte no un Porsche sino un Chevrolet. Digo, no?

Anónimo dijo...

Feliz Navidad Manolo y Lisandra!
Y Feliz shopping!
Maria Jose y Arturo

Manolo Sarmiento dijo...

guillermo: si lo he pensado.

Aldo dijo...

Manolo, creo que algunos de los juguetes comprados a última hora en el bazar de tu mamá fueron a parar a mis manos.

En el dato religioso, yo también me salvaba de la misa del gallo. De lo que no me logré salvar fue de la procesión de la Virgen de Mercedes.

Pastv dijo...

Yo este rato ando tan pelado que no tengo ni los 25 usd para gastarme en el quicentro para ver si me gano el auto.
Y por supuesto si me cae la suerte y me lo llevo en la rifa yo también lo pasearia una semana en Crucita.

Anónimo dijo...

OXY se ha ganado el título de "figurete" del año...aprobado por la Sabaté.

Yo me conformaba con ganarme un IPOD pero parece que eso ya no sucedió. Aún hay esperanzas para el BMW (acá en San Marino también lo rifan).

Espero que tengas una feliz navidad.

CS DUDE dijo...

Blogs and Beers en Enero y en Quito. Proximamente mas informacion en mi blog.

Anónimo dijo...

a ver don manolo... desde la oficina que repelo y con los vinos algo encima...

feliz año señor... que siga creando y haciendo cine.. es lo que vale

un abrazo desde el puerto.

Manolo Sarmiento dijo...

feliz año paulette, feliz años lectores... la gran rifa del quicentro es el 6. vamos a ver!

Anónimo dijo...

A quien Dios le da, San Pedro se lo bendiga, esta bien por el Licenciado es buena gente, trabaje con el.
Jaime Milla
Lima Peru