jueves, 6 de abril de 2006

¡Katastrophe, katastrophe!

Nos gusta como película inaugural LA PESADILLA DE DARWIN pero tenemos un problema técnico en el Teatro Bolívar. Resulta que el frame de esta película es 1.66:1 y no 1.85:1. El frame es la relación que hay entre los dos lados del rectángulo de la ventana de proyección: 1.85:1 es el formato más usual en los Estados Unidos y en América Latina, y 1.66:1 es un formato muy común en Europa. Resulta que el proyector del Bolívar no dispone ni del lente ni de la ventanilla que permite proyectar el cuadro 1.66:1, un cuadro ligeramente menos panorámico que el 1.85:1. Colocar el lente y la ventanilla apropiados supone contratar a un experto que vive en Guayaquil y que fue quien vendió y calibró el proyector del Bolívar. Este señor lo haría con gusto, pero no por el mero placer de hacerlo sino que, como es natural, nos vende sus servicios. Y en esas estamos... No es ni barato ni sencillo.

Si no podemos resolver este problema, no podríamos estrenar con esa película. Sería un desastre mostrar el cuadro cortado, como suele pasar en ciertas salas donde se han enfrentado al mismo dilema pero han optado por la salida menos respetuosa del filme y del público. La verdad sea dicha, a nosotros mismos nos pasó una vez. Fue un episodio triste del que ahora nos reímos, pero que en su momento casi nos cuesta todo nuestro orgullo.

Ocurrió en el primer festival, en abril del 2002. Habíamos invitado al francés Joseph Morder con su película MEMORIAS DE UN JUDIO TROPICAL. Era una película poética donde Morder rememoraba su infancia en el Guayaquil de los cincuenta, que Juan Martín y Pancha habían descubierto en una retrospectiva de este cineasta en París. Joseph vino con su filme en 35 mm y nosotros lo programamos en la primera noche en el Ocho y Medio a las 19h00. Con toda la publicidad que hicimos, la sala se llenó, pero entonces, cuando era ya demasiado tarde, resultó que nunca le habíamos preguntado al cineasta cual era el frame de su filme. La película tenía una ventana 1.33:1 (tan cuadrada como la pantalla de una televisión corriente) y el proyector de Ocho y Medio no disponía de esa ventanilla. ¡Katastrophe!, un desastre total, porque en cuanto comenzó la proyección Joseph se dio cuenta de que estábamos perdiendo casi un tercio de la imagen. Patricio Guzmán, que estaba sentado junto a Juan Martín y a mí, nos dijo: "no hay remedio, díganle que se calme y se siente; ningún proyector en América Latina tiene la ventana 1.33". Pero Morder no se calmaba y gritaba en el corredor: "¡ese no es mi filme!, ¡ese no es mi filme!"

Después resultó que ese no era el único problema. Morder aceptó entrar nuevamente a la sala y continuar con la proyección después de poner en alerta al público sobre el sacrilegio estético que estábamos cometiendo. Pero de pronto Joseph Morder comenzó a gritar de nuevo desde su butaca: "¡el sonido!, ¡el sonido!, ¡falta el canto de los pajaritos!" En efecto, en ese momento veiamos la imagen de un edificio de París, un árbol y unos pajaritos que se posaban sobre las ramas. Escuchábamos la voz de Joseph pero no escuchábamos ni los pajaritos ni ningún otro sonido de ambiente. Resultó que el sonido era monofónico y no estéreo, menos aún surround, de manera que el procesador de sonido de la sala descartaba automáticamente uno de los canales. Morder no lo pudo tolerar y al cabo de veinte minutos de proyección decidimos suspenderla.

Cuando el público se había ido ya, con la seguridad de que les devolveríamos el dinero, Morder nos contó que en el hotel, a menos de seis cuadras de la sala, tenía un cassette betacam de la película guardado en su maleta. Habría tomado menos de diez minutos ir a su habitación, tomarlo y tenerlo listo para retomar la función. El mismo tiempo que nos tomó controlar su histeria y la mitad del que nos tomó buscar un vaso de whisky para calmarlo. Una centésima parte del tiempo que nos tomó reponer nuestra moral.

Desde entonces, cada vez que vamos a exhibir una película en cinta cinematográfica, preguntamos religiosamente y con mucha anticipación la ventanilla. Y ya sabemos que en Ecuador no existe la 1.33:1, y que la 1.66:1 solo en ciertas salas precavidas o solventes.

Por cierto, no hay nada de qué alarmarse. Si no la vemos en la inauguración en Quito, podremos ver LA PESADILLA DE DARWIN en el Ocho y Medio y en el MAAC Cine, donde sí tienen el 1.66:1.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y si no tocara en HBO.

Pastv dijo...

Suele ser un problema grave lo de las compatibilidades, no solamente en cine. Bueno lo más comun que me pasa a mi son los archivos pc y mac.
Con todo, esperaré a ver como se resuleve la historia y me comprare una chompa para ir al teatro bolívar el día de la inaguración del festival.
Suerte con la organización.

Manolo Sarmiento dijo...

Bueno, no creo que debamos esperar al HBO. ¿Es muy frío el Bolívar? Podríamos dar canelazos...

Pastv dijo...

Sí es frio el Bolivar en la noche...