martes, 28 de junio de 2005

Más variaciones sobre el machismo

Este fin de semana he recorrido con Lisandra la panamericana sur más allá de Alóag solo para comprobar que aquello sigue siendo la aventura temeraria que siempre ha sido. No vayan a creer que fuimos de paseo a Latacunga, cosa que no se me ha vuelto a ocurrir en mucho tiempo, sino que íbamos camino de la laguna de Quilotoa, en los páramos occidentales de Cotopaxi. Lo menciono porque encontramos la carretera plagada de corazones azules, esos símbolos macabros que la policía nacional está diseminando por todo el país con la intención de llamar nuestra atención sobre la enorme peligrosidad del uso del automóvil (cada corazón, dibujado en ademán de vuelo, significa el alma en fuga de una víctima mortal del tránsito motorizado ecuatoriano).

El espectáculo de los corazones azules en el pavimento me hace pensar, más que en la irresponsabilidad de la mayoría de los conductores, de cuya arrogante e injustificada prisa resulta innecesario hablar, sino de plano en la absoluta incompatibilidad del mundo motorizado y el mundo peatonal. Es una lucha desigual que, como en el juicio de Michael Jackson, resulta imposible arbitrar de manera imparcial pues todos, o somos peatones o somos conductores. Los países civilizados han establecido normas rigurosas y reformas geométricas inteligentes -preparadas con simuladores virtuales a no dudarlo- que ayudan a evitar los atropellamientos, pero de todos modos siguen siendo las calles y las carreteras escenario de incontables muertes abruptas todos los días. Recuerdo un pasaje de La Inmortalidad de Kundera donde el narrador comentaba la hipocresía del sistema: lo que se debería hacer en estricto sentido es prohibir el uso del automóvil, pero como eso no se puede hacer puesto que el automóvil es el orgullo del hombre moderno, lo que se hace son campañas cívicas por el uso del cinturón de seguridad, consignas contra la conducción alcoholizada, corazoncitos azules en las carreteras. Es decir, pendejadas.

Es incompatible, además, porque un conductor es siempre un ser humano desnaturalizado, enajenado, poseído por una máquina feroz. Yo me considero peatón, pero cuando estoy al volante el carro se da modos para comandar mis movimientos y multiplicar la capacidad destructiva de mis antojos y de mis distracciones. Por algo los llaman "auto-móviles"... en realidad se mueven solos. La enajenación del conductor funciona como el machismo: es algo que está en el sistema social. De hecho, el automóvil -y más todavía los camiones- forma parte del mundo masculino y patriarcal que nos gobierna mientras que los peatones representamos el mundo femenino y, por ende, según mi personal utopía, la única posibilidad de redención. No me refiero a los peatones considerados individualmente, ni a sus hábitos presentes -eso que los conductores vemos a través del parabrisas: gente nerviosa de decisiones imprevisibles que parece guiada por un afán suicida, al menos en las calles ecuatorianas que son un poco el jardín de infantes de los peatones del mundo- sino que hablo en un sentido abstracto: el peatón como conducta y como principio, su inocencia, su libertad, la idea del andar erguido como principio locomotivo original.

Un poco a propósito de esto quiero recordar aquí una sobremesa de la que participé hace un par de semanas. Hablábamos de lo que todo el mundo está hablando ahora en las sobremesas (¡!), es decir, de la reforma política, y aproveché para aventurar una reforma constitucional que a mi manera de ver representaría un gran avance para la república febrescorderana, si no el principio de su superación. Mi propuesta se conforma de tres pasos indisolubles que son: 1. renunciar al presidencialismo; 2. crear un sistema de gobierno parlamentario encabezado por un triunvirato; 3. conformar este triunvirato única y exclusivamente por mujeres.

Para lo primero creo que no hay mucho que argumentar: salta a la vista que el presidencialismo entre nosotros ha fracasado. Que no nos llame a engaño que la mayor parte de los "mejores ecuatorianos" de Ecuavisa sean ex-presidentes... eso es nada más una impresión pasajera pues está claro que la inmensa mayoría de ellos han sido incapaces de conducir el gobierno, y los que han pasado a la historia estoy seguro que habrían renunciado felices a la gloria a cambio de que uno solo de sus anhelos hubiera perdurado. Lo que debemos tener es un gobierno parlamentario, que es lo que tienen los europeos, campeones de constitucionalismo y democracia como quedó claro en el último referendum francés, y que es lo que en realidad tenemos nosotros, es verdad que un poco a la brava, pero en esto de forjarse una institucionalidad eficiente lo que cuentan son los resultados. Un gobierno parlamentario, esto es, designado por la mayoría del parlamento tan pronto una nueva se haya constituido.

Lo del triunvirato no se explica sin lo tercero, es decir, debo argumentar la idea del triunvirato femenino. Aquí la ley tendrá que ceder a una imposibilidad material, pues lo que yo anhelaría en realidad es que sea femenino en un sentido profundo, de manera de no excluir necesariamente a los seres humanos constituidos fisiológicamente como hombres, que somos aproximadamente la mitad de la población, como consta, sino tan solo a los que pliegan al machismo. Así, se presumiría que los hombres-peatones pertenecemos en realidad al mundo de lo femenino... salvo, por supuesto, aquellos peatones que en realidad caminan como si estuvieran al mando de un camión de siete ejes o que lo primero que harían si tuvieran crédito en el banco sería comprarse un auto y renunciar para siempre a su condición de ciudadanos de a pie, los mismos que deberían ser considerados peatones-machos y estarían inhabilitados de plano para el ejercicio del gobierno (de hecho, en mi sistema de valores, eso sería peor que deberle a la AGD). Del mismo modo, algunas mujeres-conductoras podrían merecer inhabilitaciones equivalentes. Dado que, como se ve, una distinción tan fina se prestaría para valoraciones injustas o en todo caso daría pie a innumerables y empantanantes apelaciones, me conformo con ceder por completo la cabeza del gobierno a las mujeres. Lo que así se pierda será siempre menos de lo que perderemos si seguimos gobernando los hombres.

Por otro lado, debe ser un triunvirato, argumenté, porque creo que los gobiernos colectivos demandan una especial disposición para el diálogo y reducen la tentación del afán de protagonismo y del culto a la personalidad. Es lo que hacen los suizos: allí son once o siete si no me equivoco, y se turnan uno por año en la presidencia. ¿Alguien ha oido hablar del presidente de Suiza? Por supuesto que no. Eso es algo que no existe en la democracia más elogiada del mundo. Hay un presidente del consejo federal... cosa distinta. Mírenlos en la foto del link y díganme a quién le confiarían el destino del mundo, ¿a Bush o a esos siete inofensivos diputados de la Confederación Helvética? Puesto que once me parece demasiado -además de ser el mismo número de los jugadores de un equipo de fútbol, lo que se prestaría para analogías burdas de parte de los articulistas- propongo que sean tres: el triunvirato femenino de la república febrescorderana del Ecuador.

La sobremesa llevó lejos mi propuesta pues no tardamos en aventurar algunos nombres. Alguien propuso un triunvirato conformado por Mae Montaño, Cynthia Viteri y Dolores Padilla, y tengo que decir que se mantuvo bastante estable por mucho tiempo, hasta bien avanzados los whiskys. Naturalmente barajamos otros nombres, a sabiendas de que con la inestabilidad de las mayorías parlamentarias habría sitio para varias opciones pero con la ventaja de que siempre como resultado de la negociación política permanecerían estables una o dos de las tres.

Eso es. Que la propuesta sea imperfecta es lo que la hace coherente. Ahí la tienen. Ya seguiremos hablando.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Vamos!!!! yo voto por el triunvirato femenino!!! siempre he pensao que las mujeresestan un paso adelante en la evolucion del hombre.
Me consdero un peaton con alma de bicicletero... pero este rato no me dan un préstamo ni para la bici, peor para un bolido tunink o como diablos se escriba.
saludos!.

Victor dijo...

Manolo, me es siempre grato leerte.

Antes he estado tentado a escribirte algunas veces, para comentar tus propuestas sobre las instituciones culturales —o las del Estado que las contiene—, pero por falta de tiempo y paciencia para trenzar mis razones, dejé pasar esas oportunidades.

Hoy acabo de leer tu texto último y, como ves, decidido a escribirte. Tu conversación de sobremesa me hala de la lengua.

Vivo en el país que aludes, en Zürich. Con un amigo también ecuatoriano, hace tiempo ya, solíamos pasar horas imaginando el sistema menos falible que el Ecuador debería construirse para ejercer el poder, la autoridad, la justicia —huelga decir que esas conversaciones estaban inspiradas por la experiencia de vida en tierra helvética—. Como tú, en nuestras pláticas habíamos también inventado un triunvirato —luego un gobierno de cinco o, como es en el caso suizo, uno de siete consejeros federales (esta triada de impares tienen cada una en sí muchas posibilidades).

Siempre nos llamó la atención y fascinó mucho los detalles de este modelo democrático; así por ejemplo el tiempo que dura cada Bundesminister en el cargo (2, 4, 6, 8, 10 años) y la manera como el parlamento los —por lo general— reeligen y, rotan de ministerio. El actual ministro-presidente, el señor Samuel Schmid, por ejemplo, el año anterior las hacía de ministro de defensa, defensa civil y deportes.

Admiro la estructura de gobierno helvético. Suelen decir sus mismos ciudadanos que esta le resta muchas veces agilidad para responder como se debería ante improvistos o decisiones emergentes. Pero no es así, ello es apenas un gesto de falsa modestia. El sistema tiene limitantes pero las virtudes que posibilita, si bien no han traído el paraiso a la tierra, hacen que la gente se soporte entre sí y prospere y, de paso, han evitado que sus políticos anden dándose de quiños, mentándose la madre, debilitando las palabras; ha logrado que los hacedores de negocios defiendan las reglas de juego claras y los peatones tengan la preferencia en toda circunstancia, vayan o no por la líneas amarillas. Esta estructura da al Estado un ritmo que se mantiene constante a lo largo del tiempo, evita deliberadamente los extremos, se guarda de tentaciones y, lo que todos quieren, trabaja y deja trabajar.

Se podría decir muchisimas cosas de este gobierno (no todas color de rosa). Una es sin embargo central, la transparencia en el manejo del poder -la tendencia, al menos-. No creo que los suizos inspiren confianza por mera simpatía o que esta les haya venido en su naturaleza. Las instituciones todas, puúblicas y privadas, tienen en sus estructuras, como parte íntima, los mecanismos de control necesarios que les permiten hacerse y crecer, o si se quiere, mirarse más alla de sus narices y sus buenas intenciones.

Una breve acotación sobre la hipocrecía del sistema: no suelo entender tales enunciados. Pero recuerdo unos apuntes de Paul Virilio sobre la modernidad que expresan esas desgracias: sólo puede haber un naufragio donde hay un barco; los accidentes aereos nacen con el invento del avión y así hasta abarcar la modernidad entera. No creo que nuestro país tenga un sistema: tiene la necesidad de seguir por los días como pueda, tiene muchos tiempos y velocidades cruzados, buenas intenciones, malas maneras entre los principales, ríos revueltos, pescadores novísimos y admirables personas, unas pocas, que a pesar de todo seguiran creando e inventando la realidad.

Que estés bien y hasta una próxima vez

Anónimo dijo...

Manolo:
Cómo me alivia y reconcilia con el país el último párrafo del comentario anterior.Es verdad, todos estamos cruzados, a veces alegres y optimistas, otras veces neuróticos e insoportables.
Algo saldrá de eso en unos años solo es cuestión de que la gente inteligente se haga oir

Anónimo dijo...

chéveres comentarios, amigos, y el saludo desde Suiza de Yaruco me sorprende y me entusiasma. He visitado tu blog... está chévere. Sabes que Suiza es uno de mis temas favoritos, es un país que por diferentes razones he llegado a conocer - bueno la razón principal es que mi hermana vive en Thun - y me fascina. Yo estoy de acuerdo con lo que dices.

Sobre Cynthia Viteri: el único voto en contra que tuvo fue que ella fue la que propuso la detención en firme, causa del actual motin carcelario.

man