Me cuenta Coco Laso que ya tenemos aquí 64 películas documentales para elegir la programación del próximo festival. La gran mayoría las hemos pedido a sus directores y nos han llegado por el correo. Unas cuantas las trajo Lisandra de Amsterdam y NY y otras tantas vinieron de otros viajes esporádicos de algunos colegas. Una que otra vino como encargo en el equipaje de estudiantes de cine ecuatorianos en Argentina o en Francia. Un par llegaron de la mano de sus propios directores que vinieron a dejarlos en persona. Nuestros amigos de la Alianza Francesa nos dieron otras. Mauricio Cadena me cuenta que deben llegar 14 más en los días que vienen y, por otro lado, tenemos una lista de quince títulos que amaríamos programar pero que todavía no conseguimos. Ese es el resumen del estado del festival hasta el momento.
Con Lisandra vimos varias este fin de semana. Sin contar ECUADOR VS EL RESTO DEL MUNDO, de Pablo Mogrovejo, que volvimos a ver el viernes en la muestra documental que organiza con Cinememoria la fundación Participación Ciudadana en la Casa de la Cultura. La película de Pablo es una reflexión sobre la naturaleza de la emoción humana y una mirada a ratos cruel a la emoción patriótica de los ecuatorianos. Me gusta como Pablo retuerce el sentido a cada paso, nos obliga a tragarnos nuestra propia risa, a convertirla en mofa de uno mismo o en vergüenza, como cuando la lavandera dice que "solo somos buenos para changar" y enseguida, mientras la sala ríe a carcajadas, con la misma voz de loca cuenta que a ella la forzaron varias veces. Es una película muy dura y a la vez muy divertida. Creo que las ciento ochenta personas que la vimos en la sala Benjamín Carrión la disfrutamos mucho.
Vimos también ARISTIDE AND THE ENDLESS REVOLUTION, del suizo Nicolás Rossier, un docu impresionante sobre Haití que Lisandra había visto en el IDFA en noviembre pasado. Es un documental investigativo hecho con tal minuciosidad testimonial, con tal riqueza de imágenes de archivo y con tal coraje argumentativo, que se convierte en un retrato sobrecogedor del dominio neocolonial que vivimos en América Latina. En Haití los gestos macabros del poder económico son todavía más grotescos y burdos. Haití es un retrato del capitalismo moderno. No se puede entender la opulenta Francia de hoy sin comprender primero su pasado haitiano, su inconsciente haitiano, su pecado haitiano. Haití es la prueba de que nada podrá cambiar nunca por el camino que vamos. La película relata, para decirlo en pocas palabras, cómo la "comunidad internacional" asfixió la economía haitiana, ¡la del país más pobre del hemisferio!, hasta el punto de dejar al Estado en la bancarrota absoluta y a merced de bandas paramilitares dominicanas que se encargaron de sembrar el caos para poder justificar la supuesta renuncia del presidente Aristide en 2004. Después de esto se lo ve al impresentable de Roger Noriega decir que Aristide salió porque "era incapaz de gobernar" y que... "de todos modos se iba a caer días más tarde". El propio Aristide cuenta cómo lo subieron a un avión militar de los Estados Unidos que despegó de Puerto Príncipe sin que él supiera a donde lo estaban llevando. Todo porque Aristide quería subir el salario mínimo de 54 centavos a 1 dólar por día y esto no era del agrado de los propietarios de las poderosas maquilas instaladas en el país (sumado al hecho de que el partido de Aristide tenía el 70% de popularidad y amenazaba con ganar las elecciones los próximos veinticinco años). Si conseguimos tener una versión subtitulada en los EDOC no se lo pueden perder. En esas estamos.
Esta historia de Haití me tiene pensativo. En algún otro post comenté la película de Raoul Peck, LA GANANCIA Y NADA MAS, donde también se habla de Haití. En otro tono, Peck - que es cineasta y es político y es haitiano y es negro, aunque todas estas cosas sumadas suenen sospechosas a ciertas personas - comienza su película con el ir y venir de las olas en la playa mientras pronuncia, en off, nuestra enorme paradoja: yo soy de un país que no existe. Es una película maravillosa sobre el capitalismo y sobre la modernidad, sobre el mito de la supuesta inevitabilidad del sistema de economía liberal.
Bueno, los dejo por ahora con esas novedades del festival.
*Al fin y al cabo, por algo Caetano Veloso dice que Haití es aquí.
In 1983 I couldn't afford to beat Dragon's Lair
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[image: Dragon's Lair]
I love and still play Don Bluth's amazing video games. I never would have
been able to finish them were it not for re-releases years...
Hace 1 día.

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