La Kombi cometió hace unos días un pecado venial y premonitorio. Esa mañana las neuronas de la creatividad no despertaron y los presentadores de La Kombi no tuvieron mejor idea que ir a tomar el “cafecito” en casa de Ximena Bohórquez de Gutiérrez. Los personajes masculinos de la Kombi llegaron a casa de doña Ximenita y se entregaron a su habitual terapia de necedades, usualmente inofensiva, que esta vez incluyó una llamada al celular del coronel, que todavía guardaba prisión, con quien tuvieron una conversación de lo más amena y cordial.
Ya nos fregamos, me dije ese día, ya nos fregamos. Comienza aquí la construcción mediática del buen alfil Gutiérrez, otra pieza marcada del ajedrez de la república febrescorderana. Ese episodio de La Kombi pasará a la historia como el primer paso en el lento pero seguro proceso de banalización de Lucio Gutiérrez, proceso que tarde o temprano concluirá con el olvido de sus traiciones, para no hablar de sus presuntos crímenes, y hasta con su absolución histórica definitiva.
El mal chiste de La Kombi se convirtió en pecado grave el lunes pasado con Jorge Ortiz. Ese día, con Lucio Gutiérrez en el set de entrevistados, Ortiz, un poco al estilo de La Kombi, no pasó de la semántica barata del “pero usted dijo que iba a morir en el intento”. Es decir, otro chiste, otra broma que se esquiva con retórica. "De Gutiérrez tienen que ocuparse los forajidos", dijo Ortiz por la noche, como si la impunidad de Gutiérrez no lo interpelara a él en lo absoluto.
¿A quién corresponde chistar cuando ni la fiscalía, ni la contraloría, ni el gobierno, ni el congreso, ni nadie es capaz de investigar las sospechas de peculado, abuso de poder, tráfico de influencias y sobornos que la sociedad entera tiene sobre el coronel sobreseído? ¿A quién señor Ortiz?, ¿a quién si no es a los medios de comunicación?, ¿a quién si no es a usted? Pero no. Jorge Ortiz le dio su absolución, le hizo un chiste y no se le ocurrió mencionar ni uno solo de los malos recuerdos que de él tenemos, como por ejemplo el decreto de supresión de la libertad de expresión en la ciudad de Quito para callar a una radio rebelde que después intentaron quemar sus hordas con antorchas. No. Gutiérrez ya fue perdonado y será candidato, eso es lo que importa. ¿Y ahora qué?, ¿cuál será la continuación del periplo televisivo del redimido?
La televisión nacional terminará por devolverle su tarima y absolverlo, como se la devolvieron a otro ex gobernante en aquel funesto dos de abril de 2006 cuando, mientras Juan Pablo II subía al cielo rodeado de arcángeles, en un helicóptero bajaba Bucaram rodeado de periodistas de televisión. Amén.
Publicado en diario HOY el 08.03.2006

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