La fugacidad de la información televisiva nunca dejará de impresionarme. El dilema que consiste en tener mucho que decir en muy poco tiempo, suele resolverse a favor del decir poco, a veces tan poco que equivale a nada. En esos casos no queda más remedio que aceptarlo y encontrar alguna utilidad a lo que vemos, ya que ni el aprendizaje ni la información son realmente posibles.
Ejercitar la memoria es, por ejemplo, una distracción profiláctica y recomendable para segmentos como el resumen internacional de Televistazo. Es todo un reto tratar de retener las cinco o seis noticias que contiene, recordar dos minutos más tarde cuáles fueron y en qué orden las dijeron.
El segmento es un prodigio de empaquetamiento audiovisual. De hecho es tan fugaz –dura en promedio cincuenta segundos– y está narrado con tal prisa, que no admite pestañeos. Con Lisandra juego cada noche a memorizarlo y después anotar lo que nos acordamos. El menú es indistinto e indiferente. Puede ser un incendio en Bangladesh, los mineros sepultados de México, nuevos episodios de mal tiempo en Europa, un golpe de estado en Oceanía, una ballena perdida en el Támesis o la última ocurrencia temeraria del presidente de Irán. Poco importa. Cada noticia ocupa menos de diez segundos en la pantalla y la persona que hace la locución habla con la seguridad de quien recita un trabalenguas. Más tarde, para comprobar los resultados, como en los crucigramas, esperamos el noticiero de Teleamazonas donde narran, de un modo menos frenético, las mismas noticias. Puedo asegurar que no es un juego sencillo.
Solo me caben tres explicaciones para comprender la razón de ser de este segmento. La primera habla mal del jefe de noticias, pero las otras dos hablan bien. La primera es que las noticias internacionales, salvo una o dos que excepcionalmente ocupan un reportaje más largo, en realidad no le interesan pero él, por temor al qué dirán de sus colegas, no se anima a eliminarlas del todo. La segunda es que sí le interesan al jefe de noticias pero no le interesan a sus superiores, que le han pedido que las elimine, pero él las conserva, reducidas a su mínima expresión, como un gesto de resistencia. La tercera es que las noticias internacionales sí les interesan a ambos, al jefe y a sus superiores, pero han decidido encapsularlas de ese modo tan, digamos, escueto, porque pese a todos los esfuerzos que han hecho no ha habido manera de encontrar cincuenta segundos adicionales en los tres cuartos de hora que dura el noticiero.
Si esta es la buena, supongo que lo hacen con la esperanza de que la gente verdaderamente interesada las vea más tarde en otro canal. ¿Cuál será?

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