domingo, 1 de junio de 2008

El giro a la izquierda

A propósito de la tragedia en la discoteca Factory creo que vale recordar a manera de mea culpa que el bloqueo de las salidas de emergencia es en realidad una práctica más común de lo que estaríamos dispuestos a admitir. Tan solo hace un par de meses, cuando era todavía Ministro de Cultura el poeta Antonio Preciado, me quedé atrapado junto a otras personas en el noveno piso del edificio de esta institución por un desperfecto de los ascensores. En esas circunstancias nos resultó imposible bajar por las escaleras porque las encontramos bloqueadas por una puerta. Felizmente supimos guardar la calma y aprovechamos para socializar durante las largas horas que duró el descanso de los guardias que tenían las llaves de la dichosa puerta.

Más tarde nos explicaron que la seguridad del Ministro, ocupante del octavo piso, había dispuesto que se restringiera el acceso a esa planta por la escalera. Las puertas que habían instalado permanecían con llave para dar seguridad al Ministro a costa de la seguridad de los ocupantes del noveno piso. Espero que para el bienestar de estas personas y de quienes los visitan la situación haya cambiado con el nuevo Ministro de Cultura. Aunque estoy seguro de que si la situación se solucionó aquí, habrá otros sitios donde la falta de previsión seguirá siendo la práctica.

Habría que pensar en todo lo que tiene de metafórico el hecho de que una práctica habitual de nuestra sociedad sea bloquear la salida de emergencia. Me viene el mismo pensamiento con esa otra grave imperfección de nuestra vialidad que se conoce como el giro a la izquierda. Ocurre en todas las avenidas principales de las ciudades medianas y grandes dotadas de un parterre: la 12 de Octubre en Quito, la Plaza Dañín en Guayaquil, la Avenida Manabí en Portoviejo. Girar a la derecha es fácil, como sabemos, pero girar a la izquierda siempre entraña un problema porque se debe esperar a que se detenga el flujo de vehículos que vienen por la vía contraria. Esa espera ocasiona un desbarajuste fenomenal pues los vehículos que vienen atrás del que quiere girar a la izquierda se ven obligados a detenerse también. Todo el mundo se indigna, pitan unos y otros, y los más desesperados intentan salir de la fila y corren el riesgo de chocar contra los que vienen detrás. Los izquierdistas son, pues, un estorbo para el tráfico.

Una vez más, la solución es sencilla: o se prohíbe de plano el giro a la izquierda o se lo facilita con un parterre más angosto y un semáforo. Personalmente por razones políticas me parecería desacertado prohibir de plano el giro a la izquierda. Además ya hemos visto que tarde o temprano alguien quiere ir en esa dirección. Lo mejor sería organizarlo, inventar un método para evitar que resulte siempre en un caos. Ustedes dirán que se trata de una tibia postura socialdemócrata y quizás no les falte razón. No me importa. El pánico soterrado que me invadió en el noveno piso del Ministerio de Cultura cuando encontré la puerta de emergencia bloqueada por orden ministerial tuvo quizás esa consecuencia política.

[Publicado en la edición del 4 de mayo de 2008 de El Telégrafo].

1 comentario:

Anónimo dijo...

disfrutable el post