Por la avenida Gran Colombia la hilera de buses semivacíos avanza hacia el Centro Histórico al ritmo habitual de su convoy. A su lado, en un carril exclusivo, pasa con prisa enloquecida la unidad de la Ecovía. Aunque la lógica no pueda explicar este contraste es un hecho que la ciudad vive a dos ritmos: agitados cambios en la superficie, sedimento de lucrativas ideas conservadoras en el fondo del vaso. La Ecovía no vino a sustituir a los autobuses, vino a sumarse a ellos. Las avenidas se ensancharon para que cupieran los dos. Lo moderno adyacente a lo arcaico. Contigüidad que amplía la base electoral. El costo político no asumido vuelve pesado el tráfico.
La renovación del Centro Histórico de Quito es el emblema de esa política: una intachable labor de adecentamiento urbano colocada como una lápida sobre la ciudad de los peatones quichuas. El Palacio Arzobispal convertido en un dique que embalsa el río de doscientos mil consumidores que desciende por la calle Chile. Un patio de comidas financiado por el BID en el palacio de los arzobispos. Uno más. Dinero que los consumidores de fast food devuelven a Washington con el IVA de sus combos. ¿Por qué no hicieron allí una escuela de bellas artes?, se pregunta el pintor Jaime Zapata. Inútil inquietud. Era la única manera de garantizar la sostenibilidad financiera del palacio de los arzobispos.
Más allá, en la Ronda, los rótulos cuentan la graciosa historia de la urbe. Las casas de los poetas modernistas, la buhardilla del chulla quiteño, el cuento del padre Almeida. La ciudad desaparecida hace cincuenta años necesita de rótulos para ser contada. Como si recorriera Pompeya, la leyenda emociona al peatón que ha venido desde el norte, quien ya pregunta: “¿a cuánto estará por aquí el metro cuadrado?” Debería perder cuidado. Pronto un rótulo en colores se lo dirá. A dos pasos de allí, otro río de consumidores quichuas viene por la Maldonado y trepa hacia las despensas de la Rocafuerte, indiferente al alboroto de la nostalgia. De allí irá a embarcarse con dirección al sur en el pesado y lento convoy de autobuses que arroja el túnel de San Roque. Allá en su barrio la EMAAP les ha dado agua potable. No se pueden quejar.
Jaime Zapata, que propuso al alcalde edificar una academia de bellas artes en el apacible barrio de San Marcos, ve cómo el inmueble histórico que iba a albergar la academia de sus sueños se transforma súbitamente en un solar poblado de apartamentos de mil dólares el metro cuadrado. Los restos de un cementerio colonial se evacuan en la noche sin el inventario de los arqueólogos. Los nuevos inquilinos llegan en sus 4x4 a inspeccionar su privada vista sobre el Panecillo. San Marcos, donde los colibríes inspiraron a Fernando Ortiz, se transforma en un nombre elegante.
Entre todas las formas de olvidar, el olvido inmobiliario es el más cruel, pero felizmente en el caso de Quito ha sido concebido con coherencia. Es un modelo en América Latina. ¿Cómo desalojar la ciudad quichua de uno de los activos inmobiliarios más grandes del país?: lentamente, a dos ritmos, con la aprendida paciencia del capital serrano.
(Publicado originalmente en El Telégrafo)
RFK Jr. suggested Pennsylvania fabricated measles deaths. A coroner just
confirmed one
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[image: Robert F. Kennedy Jr. (based on photo by lev radin /
Shutterstock.com)]
Conspiracy theorist RFK Jr suggested that two deaths attributed to measles ...
Hace 2 días.

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