
Lis graba a los manifestantes en la esquina de Guayaquil y Mejía

Manifestantes en la Venezuela, al otro lado de la barricada, esta noche
Son las once y media de la noche del lunes. En este momento hay miles de personas manifestando alrededor del Centro Histórico. En la Plaza Grande hay cientos de soldados armados con ametralladoras. Julio Augusto García, chileno de 58 años, fotógrafo y periodista colaborador de organizaciones sociales, ha muerto esta noche víctima de la represión policial. Paco Velasco está llamando en ese momento a una manifestación masiva para el entierro mañana. Nuestros altavoces continúan en el balcón y en la calle retumba la señal de la radio mientras unos sesenta policías disparan gases contra la calle Mejía y contra la Venezuela donde no cesan los gritos. Los gases lacrimógenos entran a la oficina también.
El tema La Luna ha sido ya motivo de una noticia brutal. La renuncia de Roberto Aguilar a diario El Universo por el intento de censura de su artículo del domingo pasado. El artículo viene copiado más abajo. El Universo le pidió a Roberto que retire varias palabras del texto, en particular las que aludían a los prófugos Isaías y al servilismo de los periodistas que trabajan en sus canales de televisión. El artículo habla, además, de la rebelión de la ciudadanía autoconvocada de Quito contra la televisión, contra su indiferencia, insensibilidad, sensacionalismo y mediocridad en la cobertura de la información política nacional.
Si consideramos el decreto de suspensión de la libertad de prensa y esta noticia, no nos queda sino mirar con escepticismo el futuro.
¿Realmente vamos a caer en una dictadura militar de corte fascista? ¿Realmente? ¿Realmente estamos condenados a que gente como Roberto y como muchos otros colegas de pensamiento crítico no puedan escribir en los medios masivos de prensa? ¿El Universo, que parecía estar dando el salto hacia un periódico maduro e independiente, se va a condenar a ser un periódico de aldea donde los gamonales de turno pueden dictar los contenidos? Me resisto a creerlo. También me resisto a creer que la dictadura se pueda consolidar.
Estamos aquí, por el balcón miramos a los soldados, pasan tres tipos con abrigos y una cinta tricolor en el brazo, tres agentes del gobierno y nos miran, miran la bandera enlutada y se preguntan de donde sale el sonido de la radio. Tienen un aire Gilmar Gutiérrez indiscutible. Llevan radios. Dan escalofríos.
Faltan 9 días para la proyección inaugural. El festival será más que nunca un espacio político, un espacio donde hablemos de la libertad de expresión y de pensamiento.
El atraso de nuestro país es tan grande, la inmadurez de los políticos tan descomunal. Francamente que en momentos como estos nos invade una enorme frustración.
Después de las fotos el artículo de Roberto Aguilar que no pudimos leer en El Universo del domingo pasado. Por cierto, en el periódico del festival tendremos también un artículo de Roberto sobre CHECKPOINT. El periódico estará listo el fin de semana.

Pelotón de policía en la calle Mejía a las 16H30 del 19 de abril
La televisión no está en nada
Roberto Aguilar
La gente llama a la radio para quejarse de la TV. Una señora protesta porque los canales no cubren lo que está ocurriendo en Quito. Otra asegura que todos los noticieros –no hace distinciones– son unos vendidos. Un joven los está viendo y comprende que no hay cómo creerles nada, se comunica con la radio y grita su indignación al mundo. Para eso, para que los inconformes griten su indignación al mundo, radio La Luna, la del cacerolazo quiteño, mantiene abiertos sus teléfonos y sus micrófonos durante todo el día. Y la gente no para de llamar. Muchos van personalmente a los estudios, donde Paco Velasco, el director, recibe a todo el mundo. Están hartos. No sienten el menor respeto por ningún político, empezando por “Bucaram y su edecán”, a quienes detestan. Están hartos del Gobierno, de la Corte y del Congreso. Y, con igual irritación, están hartos de la TV. De pronto, alguien telefonea y dice: vamos a los canales para gritárselo en la cara. Y los participantes del cacerolazo, que lo escuchan, dicen sí, vamos, vamos a gritárselo en la cara. Y van al canal que está más cerca.
Es la noche del viernes 15 de abril. Sólo en la avenida de los Shyris, 15.000 forajidos, así los llama el Coronel, se manifiestan pacífica pero ruidosamente. Grupos de entre cien y un millar de personas hacen lo propio en Monjas, La Vicentina, Conocoto, Villa Flora, avenida América, Amazonas, Cumbayá, Sangolquí… Sumando todo eso, más los miles de carros en caravana por las principales avenidas, más los centenares que llaman a la radio, resulta una multitud quizá más grande (por no hablar del impacto en el conjunto de la ciudad) que la que reunió Bucaram en Guayaquil. Ya vendrá él a decirnos que a lo suyo fueron quinientos mil, quién le cree. Por cierto ¿cuántos fueron? Nadie dio cifras, solo Teleamazonas mostró unas reveladoras tomas de la 9 de Octubre semivacía. El caso es que, en esa ocasión, seis canales, incluso Teleamazonas, pasaron ‘en directo’ el acontecimiento y le dedicaron más de tres horas del día en que murió el Papa. Hoy, apenas si se conectan en esporádicos flashes informativos con el cacerolazo. En la tribuna de la Shyris, una televisión transmite la telenovela de las nueve, a vista y paciencia de los manifestantes. A pocos metros de ahí, el personal de la unidad móvil de Ecuavisa mira el fútbol por Canal Uno mientras espera la hora del flash.
Pero el problema no es cuánto cubrieron los canales, sino cómo. Apenas me voy a referir a los que no lo hicieron. TC, que la noche del jueves, con 12.000 personas en la calle, hablaba de “decenas de manifestantes” (así mintió Sandra Grimaldi) y luego mostraba tomas de la 10 de Agosto, donde no había nadie (en ese momento). Y Gamavisión, que la mañana del viernes despachaba la noticia en su segmento “En resumen” y se dedicaba a hablar del tema eléctrico. Canales vendidos al Coronel en espera de que exculpe a sus banqueros, o ex banqueros, o lo que sean esos prófugos de apellido Isaías. Es una vergüenza. Lo suyo no es periodismo sino mercenarismo. Como aquí hablamos de periodismo, no cuentan. El problema son los otros canales, los que no mintieron sobre los cacerolazos ni los minimizaron (tanto), los que cubrieron el tema y abrieron con él su edición nocturna (aunque solo el tercer día) pero, aun así, fueron incapaces de comprender lo que estaba ocurriendo y de transmitir al país siquiera una idea lejana de la naturaleza de las protestas. El viernes conversé por teléfono con amigos de Guayaquil y Cuenca: o bien no tenían idea del asunto, o tenían una muy distorsionada. Claro, ¿cómo se iban a enterar? Radio La Luna no llega a esas ciudades.
Es increíble: ningún canal hizo un reportaje sobre La Luna. Ninguno. Entrevistaron a Paco Velasco, sí, pero nadie contó la historia. La historia de cómo él abrió los teléfonos durante todo el miércoles, día de paro, para que la gente se expresara con libertad a través de su señal. Cómo fueron congregándose en torno a ella miles de ciudadanos decepcionados de sus líderes, frustrados de ver cómo su paro provincial se convertía en una tragicomedia de segunda, incrédulos al comprobar que el vencedor del Cenepa era incapaz de bloquear una ciudad tan fácil de bloquear (pregúntenle al MPD) como la larga y angosta Quito, con sus vulnerables vías de conexión con los estratégicos valles. Cómo esa gente, al caer la tarde, cuando medio Quito estaba oyendo La Luna, quiso hacer algo para salvar los muebles y empezó a proponer ideas en la radio. Cómo se impuso, poco a poco, la idea del cacerolazo, e inmediatamente corrieron los mensajes en la Internet y en los celulares, mensajes de los que todos los periodistas de la televisión estaban al tanto. Porque el fenómeno de comunicación de masas más espectacular que recuerde el país sucedía ante sus ojos, pero no se dieron cuenta. Después de todo, son gente de medios, ¿por qué habrían de interesarse en los medios?
Nuestra televisión es como el perro de Pavlov: responde de manera predecible a estímulos básicos. Si la noticia es “concentración masiva”, entonces instala unas cámaras en las terrazas y otras en la tarima, y entrevista a las personalidades principales. Si es una marcha, dispone unidades a lo largo de la ruta. Si en la tarima está Bucaram o Nebot o Paco Moncayo, transmite ‘en vivo’ por espacio de tres horas. Pero si uno de esos ingredientes falta o se altera, entonces estamos perdidos porque se trata de un estímulo complejo. Y eso, para nuestra televisión, es chino. En los cacerolazos, ocurre que no hay ruta ni tarima, ni personalidad que pueda hablar ante las cámaras a nombre de la manifestación. Sin embargo, para los canales se trata de una manifestación como otra cualquiera. Grande, sí, pero igual a otra cualquiera. No saben valorar el hecho, inédito en la historia de nuestra democracia, de que esa multitud se ha autoconvocado. A esas 20.000 o más personas no las llamó ninguno de los habitúes de los estudios de TV. Ni el alcalde ni el prefecto, ni el de la colita ni los Rugrats 25, como les dicen. Se llamaron solos. Pero cuando llegan los reporteros a la Shyris, lo primero que hacen es buscar al alcalde o al prefecto (que no están), al de la colita o a Blasquito, al coronel Hernández o a los Ciudadanos por la democracia. En lugar de contar la historia de cómo ellos no tienen nada que ver con el asunto o, en todo caso, no más que cualquier otro. Y luego quedan encandilados con boberías, como el reventón de los globos del jueves, suceso absolutamente marginal que recibió cobertura especial en todos lados, qué bonito, qué creativo. Pero del condumio, nada: por qué esos 20.000 están ahí; cuánta determinación se contiene en una autoconvocatoria tan masiva; cómo todo esto es determinante para el país. Para todo el país. Los cacerolazos de Quito son más significativos que la marcha blanca, la marcha de la capital y la marcha de Abdalá juntas. Si no por sus dimensiones, sí por su naturaleza. Pero la TV no puede verlo. Y el país tampoco, por su culpa.

7 comentarios:
Gracias por propagar este artículo. Roberto Aguilar es, sin lugar a dudas, lo mejor del periodismo ecuatoriano. Hasta podríamos decir que es un honor para él que le hayan rechazado su artículo en ese pasquín de medio pelo que es El Universo.
Solo nos queda decir, parafraseando al Chapulín, "y ahora, ¿quién podrá publicarnos?"
Me uno al agradecimiento de Nashira y a su preocupación.
Roberto Aguilar era lo mejor que tenía el pasquín. No debería sorprenderme que hayan rechazado este artículo que tal vez es el mejor que he leído de él.
Yo lo he seguido desde que escribía en El Comercio. ¿Dónde va a escribir ahora? ¿Cómo se lo puede contactar?
Le puedes escribir a su e mail que está mal linqueado en mi post!... raguilarandrade@yahoo.com
a mi si me sorprende que lo hayan rechazado, precisamente porque es uno de los mejores, circunstancia que se da precisamente porque la realidad se lo impuso... el tema La Luna marca un punto de giro en el país. Cuando El Universo publicó el articulo de Roberto sobre el regreso de Bucaram en la página 3 de política, yo quedé muy impresionado y pensé que por allì se abría un ventana: ¿como puede pasar el universo de haber publicado a Roberto en la página de política en el día del regreso de Bucaram a rechazar un artículo que de alguna manera era la continuación natural del anterior? eso me sorprende. Claro que no es una gran sorpresa.. es solo una sorpresa.
No leí el artículo de Aguilar sobre la llegada de Bucaram. Lo buscaré.
Este artículo de R.A. nos da una versión de los acontecimientos tan alejada a la que vimos (los guayaquileños al menos) en los medios durante todo ese día.
¿Qué va a pasar con él ahora? ¿Dónde lo vamos a leer?
Lo del servilismo de los periodistas que trabajan en los canales de televisión me parece acertado. Yo me acuerdo de aquel día en que fue arrestado el bastardo de Aspiazu por corrupción bancaria: cada estúpido conductor del difunto canal SiTV estuvo aupándolo y defendiéndolo de una forma tan patéticamente parcial que rayaba en el lameculismo.
Yo en ese momento no sabía por qué le chupaban tanto el huevo a ese Aspiazu ni por qué presentaban el incidente de su arresto como si fuera la señal del apocalipsis. Luego me enteré que ese sujeto era el dueño del canal.
Soy una gran lectora de el universo y creo que es justo que ponga lo que sucedio con Aguilar. Lo que circulo por el internet no fue la version de Roberto si no de gente con ganas de hacer daño. Esto salio publicado hoy Abril 27.
Acabo de leer la nota de El Universo que no había comprado hoy. Yo tuve la versión de Roberto, es verdad, y no pedí la de El Universo. Ahora que la leo, me surge una duda: ¿por qué Roberto decidió no publicar el artículo tal como estaba escrito si el Universo le dio la libertad de hacerlo?, ¿por qué decidió renunciar? Yo también leo El Universo regularmente, razón por la cual lamenté mucho la salida de Roberto. La aclaración está bien, voy a ponerla para que la lean y el debate pueda continuar.
man
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